SUEÑO DESPIERTO
Te he visto caminando por la calle, pero desde le momento que te tuve frente mío, surgió la obligación de ser tu esclavo.
Poco a poco me hice cómplice de tu sombra y casi sin pensarlo fui prisionero de tu ser. Tus ojos azules acristalados; envueltos en la perfección de tus pestañas están arropados con la agresividad de tus cejas, todo ello depositado en una tierna y confortable cara precedida de una sonrisa carnosa. Tu cuello estilizado con unos fuertes pectorales en la cumbre de tu acanalado vientre que parece el bosquejo de una simetría muscular perfecta.
Nacen desde tus caderas dos esplendorosas extremidades fornidas que abrazan con carisma, un voluptuoso regalo de la naturaleza de los sementales; todo eso acompañado con un contoneo procedente del más puro morbo reinante.
Mil y una noches de desvelo fueron el fruto de conclusiones eróticas cada vez más perversas, hicieron que mi percepción sobre la ciudad estuviera llena de sitios de lujuria y deseo.
Desde lo más profundo de mi conciencia, emana un temblor que se refleja en mi cuerpo cuando estás cerca, el sexy compás de tu respiración hace que sienta como poco a poco se despierta la sexualidad de mi lanza que se pone a pie de cañón, esperando al enemigo, preparada para afrontar una dulce y fogosa guerra. Iré con aire de triunfador y vengaré batalla como tantas noches de insomnio he afrontado, te dejare ganar una que otra partida para deleitarme entre tus besos y caricias; voy a ceder mi boca a tus deseos más carnales. Y aunque el corazón ya me lo has ganado nunca te dejare ganar la guerra e incluso cuando estés vencido y exhausto perdonare tu vida para poder tener un combatiente digno de este cuerpo.
Todo parece estar fríamente calculado y el gran momento parece aproximarse en el la situación menos esperada.
Después de un rato de cómplice charla me despido, poco a poco marcho en una dolorosa peregrinación; cuando me percato que esta vez eres tú el cómplice de mi sombra y prisionero de mi ser.
Hago caso omiso de la circunstancia a pesar de haberme dado cuenta, cuando en un arranque de asedio me tomas entres tus brazos, para fundirnos es un beso que pone en evidencia carnal un deseo que tenias muy oculto. Y en mi lecho se vuelve a repetir como en aquellas noches de desvelo, el deseo irracional y salvaje en una soñada realidad que tu has querido que fuese cierto.
(Trix_sex 22/01/2008)
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